Lo único que queda del paraíso natural de Filiel (León) es una pegatina de un coche: “FiliElParaíso”. Todo lo cubre ahora un humo gris y resplandores naranja de fuego a los pies del monte Teleno. Los servicios de emergencia mantienen la guerra contra el fuego que hostiga a la comarca de la Maragatería. La fragilidad del dispositivo de la Junta de Castilla y León ha provocado que retenes de bomberos se hayan volcado con la extinción de los incendios incluso en su tiempo libre, burlando a las empresas subcontratadas a las que pertenecen, para colaborar con los turnos oficiales o con el vecindario para salvar todo lo posible. “Le dije a mi madre que no iba a venir a un sitio peligroso”, confiesa uno, antes de batirse contra una ola de fuego.

“Ayer acabé a las doce y media de la noche”, afirma un participante, quien 12 horas después y en su día de reposo se viste con el buzo, se calza las botas y se prepara para la batalla. Los bomberos piden anonimato para evitar represalias de sus jefes, pero aprovechan los segundos antes de lanzarse al fuego para denunciar el modelo: “¡Si me sacas en fotos quita el nombre de esta empresa!”. Cobran unos 1.300 euros mensuales y durante esta crisis han acumulado muchas horas extras, pero no quieren dejar solos a sus compañeros, aunque en ocasiones han acudido como refuerzo y se han encontrado que no había nadie del gremio. Estas autoproclamadas “cuadrillas piratas” han actuado al menos en Zamora y León.