Dentro de su vehículo todoterreno, el guía de montaña Víctor Fernández, de 57 años, lleva entre otras cosas una radio Walkie-Talkie, una decena de bocadillos, una mascarilla FFP2 y una carpeta roja, que contiene un libro. El tomo se titula El Tejo y el Teixadal de Casaio (Ourense), escrito por Eduardo Olano en 2004. La primera página del prólogo empieza así: “Para el común de los ourensanos y pienso que para algunos gallegos y españoles, el Teixadal de Casaio, en la comarca de Valdeorras, es algo mítico: el conjunto de estos árboles más importante de la Península y quizá de Europa, que por su situación, lejana y de difícil acceso en la provincia, pueda aparecer, de alguna manera, como un bosque misterioso y casi mágico”.

El entonces presidente de la Diputación, José Luis Baltar, describió con esas palabras esta reserva natural y bosque más antiguo de Galicia. Ocupa dos hectáreas, cuenta con unos prodigiosos 400 tejos —algunos de más de 500 años y 15 metros de altura—, cuya singularidad deriva en un enclave extraordinario en lo que respecta a este tipo de árboles dentro de Europa. También hay fresnos, acebos, un particular abedul y un especial roble. El complejo natural está ubicado a 1.500 metros de altura, entre dos laderas, y en un punto en el este de Ourense, al que solo se puede llegar andando. La caminata puede arrancar unos cinco kilómetros atrás, después de circular por unas rentables canteras de pizarra y en medio de un tajo sobre un camino de tierra y piedras, solo posible en un coche 4x4, como el de Fernández.