El calcetín no era nada hasta que lo fue todo. De ser una prenda invisible o, en todo caso, negra o blanca (agradézcaselo a Michael Jackson), pasó a ser el centro de un acalorado debate (¿sí o no a los calcetines divertidos? Justin Trudeau fue su gran valedor) e incluso un termómetro capaz de revelar antes que un DNI la edad de quien los lleva, dependiendo, sobre todo, del largo elegido. ...

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Los millennials, dice una teoría establecida en TikTok, son quienes los esconden o emplean pinkies mínimos que no se vean bajo la zapatilla, mientras que la generación Z prefiere subirlos hasta los gemelos. En cualquier caso, lo que importa al histórico Australian Club de Sídney, exclusivo para caballeros, no es la edad de sus miembros –la mayoría supera los 60 años–, sino su cuenta corriente y que los calcetines, que son imprescindibles en el club, cubran siempre el tobillo. Lo contrario, han informado (ellos y The Guardian) será motivo de expulsión.

Y es así cómo se desata una vez más la guerra contra los denostados y controvertidos pinkies, también conocidos, paradójicamente, como calcetines invisibles (obviamente no siempre lo son) o, en inglés, sockettes. El problema de esa invisibilidad es que no es tal: casi siempre acaban viéndose (ese trozo de tejido asomando sobre una zapatilla) y es entonces cuando se alimenta la ira de quienes están en su contra. Cristiano Ronaldo ha presumido de ellos en sus redes sociales en más de una ocasión. Suele recibir críticas, cuando no burlas, por posar por ejemplo en bañador o ropa interior en su casa con los pinkies puestos. ¿Ha dejado de llevarlos? Al contrario: los ha incluido en su propia marca.