Series que todo el mundo comenta, canciones imposibles de esquivar, libros en boca de todos… Ante ello, algunos apuestan por un gesto de resistencia: no leer, no escuchar, no ver

Estamos rodeados de contenidos, ese vocablo que se ha establecido para referirse a cualquier tipo de producto cultural: canciones, libros, películas… Todo es contenido y, en medio de la feroz competencia por dominar el mundo cultural, no paran de surgir propuestas que acaparan toda la atención y de las que todo el mundo habla. Ante esto algunas personas simpl...

O suscríbete para leer sin límites

emente dicen: “No”. Quizá todos lo hacemos en algún momento. Cuando un libro se convierte en fenómeno editorial, cuando una canción pone la banda sonora a miles de vídeos en TikTok o el nuevo episodio de una serie es el tema de conversación en todas partes. No son pocos los que reaccionan con una especie de “alergia a lo popular” y deciden no leer, no escuchar y no saber. El entusiasmo colectivo les hace cerrarse en banda.

Carla Ruiz, guionista y lectora voraz, lo ejemplifica con claridad: “Me ha pasado con el último libro de Miranda July. Ella me encanta, pero de pronto todo el mundo lo está leyendo y se me han ido las ganas por ahora”. “Hay algo en esa popularidad que me empacha. Y supongo que también soy un poco petulante y quiero pensar que sigo siendo más guay que los que están disfrutando del libro”, añade. Este fenómeno incluso tiene nombre: snob effect (efecto esnob, en español). Un término que, en realidad, deriva de la microeconomía y fue descrito por primera vez por el economista Harvey Leibenstein en 1950 como el comportamiento de ciertos consumidores que rechazan un producto precisamente cuando se populariza o deja de ser escaso. Entre los ejemplos de bienes asociados a este efecto están la ropa de marca, los muebles de diseño o cualquier producto de lujo de edición limitada. Este patrón de comportamiento se traslada directamente del mundo del lujo a la cultura en el fenómeno que nos ocupa.