Cada vez más estrellas se apuntan a la tendencia de no decir, no aclarar o jugar a cierta imprecisión sexual que, a menudo, va de la mano de los papeles que están promocionando
Antes de que TikTok se convirtiera en una fábrica de términos y en un termómetro de tendencias, las palabras había que imprimirlas en papel. Mark Simpson lo hizo en un artículo publicado en 1994 en el que acuñó el término metrosexual. Se convirtió a partir de entonces en una tendencia en las revistas de moda masculinas y, con David Beckham como ilustre embajador, en una conversación mundial. “Es un joven soltero con altos ingresos disponibles, que vive o trabaja en la ciudad (porque ahí están las mejores tiendas) y es qu...
izás el mercado de consumo más prometedor de la década [...] está en todas partes y va de compras. O dicho de forma más sucinta: el hombre metrosexual es un fetichista de la mercancía, un coleccionista de fantasías sobre el hombre que le vende la publicidad”, escribió.
No hizo falta demasiado tiempo para que la metrosexualidad fuera objeto de burla (“Soy Mariano Delgado, metrosexual y pensador”, decía el personaje al que daba vida Eduardo Gómez en Aquí no hay quien viva) pero, como explicó en ICON Rafa Rodríguez, “desde su salida del armario hace 20 años hemos visto surgir nuevos modelos de masculinidad, pero, de una manera u otra, en todas ha latido –sigue latiendo– la metrosexualidad”. Hace dos años, el propio Mark Simpson confesaba a El País Semanal que en la actualidad ya no tiene sentido hablar de alguien como metrosexual. “Hoy ya es absurdo remarcarlo porque sencillamente es el agua en la que todo el mundo nada”, comentaba.






