El “hartazgo ante los hombres” que comenzó como un chiste en redes sociales y objeto de análisis en revistas femeninas se ha traducido en bajas en masa en aplicaciones de citas y una especie de soltería autoimpuesta que ha llegado a estrellas como Rosalía

Hace tiempo que el término “hetero” se usa con tono despectivo en ciertos ambientes. Después de tantos siglos durante los que la heterosexualidad ha sido un estándar asfixiante, ese uso de la palabra hetero con connotaciones negativas demuestra que algunos jóvenes se están dando cuenta de que lo hetero lo permea todo: es un conjunto de reglas, un filtro estrecho a través del que muchos ven a los demás y el mecanismo estándar que regula casi todas las relaciones (no solo las afectivas o sexuales: también suelen ser muy hetero las relaciones entre padres e hijos o entre compañeros de trabajo). ...

En estos contextos, un hetero no es alguien que, simplemente, no es homosexual, sino que, en el mejor de los casos, será un heterobásico, o lo que es lo mismo, un normie o cuñado que sigue a rajatabla el reglamento de la heteronorma. El hetero, heterazo o heterobásico practica todos esos comportamientos que refuerzan una masculinidad convencional y los exhibe, quizá porque no es consciente de ello, quizá porque así construye una identidad reaccionaria frente al feminismo. Así que, según esta escala (que va de las bromas y los memes a las advertencias o red flags) el heterobásico de baja intensidad sube fotos gritando en el fútbol o sueña con una cena romántica en La Tagliatella (también se podría hablar de heterobásicas), mientras que el heterazo (un término mucho más negativo y exclusivo para los hombres) es quien tiene comportamientos explícitamente machistas o abusivos.