En un episodio de Bob Esponja, el jefe de Calamardo pone a este personaje como ejemplo de mal empleado en la hamburguesería El Crustáceo Crujiente. ‘Vídeo de formación’, como se llama el capítulo, parodia un spot corporativo en el que Calamardo, pintado como un displicente, aparece con un cartel en el pecho en el que leemos “realmente desearía no estar aquí ahora”. Más allá de la crítica laboral, esa imagen se convirtió en la base de un meme nacido en los primeros días del confinamiento de 2020. En aquella ocasión, el mensaje “ojalá no estuviera viviendo un evento histórico relevante” jugaba con una extendida sensación de incertidumbre.
Desde entonces, en este lustro que nos separa de la pandemia, no es difícil ver reflotar el comentario con variaciones. Ocasiones no faltaron: el asalto al Capitolio, la invasión de Ucrania, la ofensiva contra Palestina, el anuncio de la UE de un kit de emergencias o, en España, temporales como Filomena, la catástrofe de la dana o el más reciente apagón eléctrico han entrado u orbitado en torno a la categoría de momento histórico. Pero ¿nos ha tocado una época tan crucial?
Al historiador Enzo Traverso no se lo parece. No vivimos un giro histórico contundente como después de la Guerra Fría, al final del siglo XX, hacia un 1990 en el que el académico italiano ubica el comienzo de esta era de incertidumbre. El meme, entonces, toma forma de síntoma de inquietud ante un futuro sin dibujar. Y hay que insertarlo en un siglo incapaz de crear un orden internacional en un contexto de caos y fragilidad global. “Creo que sobredimensionamos el presente. Pero recordemos”, apunta, “que el término presentismo, este mundo en el que pasado y futuro se comprimen en el ahora, apareció hace tres décadas”.






