La no transitividad de las relaciones de amistad (pese al consabido dicho de que los amigos de mis amigos son mis amigos), planteada hace un par de semanas, tiene una clara relación con la paradoja sorites. Puesto que, por pequeña que sea, siempre hay una “distancia” (de ideas, de carácter, de conducta…) entre dos personas. Por lo que una suma de proximidades puede convertirse en una distancia insalvable, del mismo modo que una tienda que está cerca de una tienda que está cerca de una tienda que está cerca de una tienda… que está cerca de tu casa, puede estar en la otra punta de la ciudad, si interponemos el suficiente número de cercanías.
En cuanto a los ocho problemas de la semana pasada, algunas respuestas rápidas o solo esbozadas y otras más detalladas:
1. Nos dicen que la mujer no es morena, y le contesta la persona de cabello rubio, por lo que ella ha de tener el cabello blanco, ergo…
2. En cuanto al triángulo obtusángulo a dividir en acutángulos, es fácil llegar a la falsa conclusión de que es imposible (Martin Gardner contaba que en su día recibió varias “demostraciones” de tal imposibilidad), pues por mucho que lo dividamos siempre acaba quedando al menos un pequeño y obstinado obtusángulo, como el del vértice inferior derecho de la figura.






