Bélgica es el paraíso de la cerveza. En este país, la elaboración de esta bebida es todo un arte y, gracias a su impresionante variedad, un pub belga medio ofrece centenares de tipos. Probar sus diferentes cervezas locales es una buena excusa para recorrer monasterios, pueblos y ciudades, con la firme voluntad de

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za-artesana-segun-los-expertos.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/gastronomia/beber/2024-09-17/pistas-para-distinguir-una-buena-cerveza-artesana-segun-los-expertos.html" data-link-track-dtm="">aprender a identificarlas.

En un recorrido por Bélgica, todas las localidades le deben todo a la cerveza: de las ciudades importantes, como Bruselas, Amberes y Brujas, a las más poblaciones más pequeñas. Y es que por todo el país siguen existiendo viejas abadías traspenses donde se fabrican cervezas regionales como hace casi mil años.

Y es que aquí la cerveza es historia y tradición. Los primeros tragos se dieron en la Edad Media. Cuando la peste llegó en el siglo XI, Arnulfo, abad de Oudenburg, convenció a sus feligreses para que bebieran cerveza en lugar de agua. Como para su elaboración se tenía que hervir el agua, la peste remitió y la gente creyó que el abad obraba milagros, y así fue como se convirtió en el santo de los cerveceros, y la cerveza pasó a ser una bebida cotidiana. Las primeras consistían en poco más que sopa de cebada de fermentación espontánea; sin embargo, durante los siglos siguientes, los monjes, muy aficionados a este brebaje, se dedicaron a inventar métodos más sofisticados para su elaboración y mejoraron su sabor agregando miel y especias.