Jueves 31 de julio, a las puertas de una nueva ola de calor. En Coria del Río (Sevilla, 31.136 habitantes) el termómetro se estanca en los 40º y el chat que comparten los vecinos afectados por los tóxicos de la barriada Guadalquivir empieza a llenarse con mensajes de sus integrantes en los que se quejan de lo...
s problemas para poder respirar de los últimos días. “Ni de noche ni por la mañana, ni dentro ni fuera de casa”, precisa Rogelia Gómez, la presidenta de la asociación que los representa. Las altas temperaturas vuelven aún más asfixiante el ambiente de ese núcleo de 4.000 residentes a las afueras de la localidad sevillana junto al río, donde el aire está impregnado de agentes químicos potencialmente tóxicos derivados de una fuga de hidrocarburos filtrados en el subsuelo ocupado por una gasolinera, una mezcla que se adhiere en la garganta y en las fosas nasales dejando un sabor metálico que dificulta la entrada del oxígeno en los pulmones.
Los vecinos llevan desde 2017 tratando de llamar la atención de las autoridades sobre su insoportable situación que se ha traducido en graves problemas de salud. Los residentes están habituados a sufrir mareos y cefaleas constantes y varios han sido diagnosticados con leucemia, tumores y problemas cardiacos. Un reciente informe de la Fiscalía de Medio Ambiente ha confirmado que la presencia de hasta 10 compuestos químicos tóxicos en la barriada, que sus residentes llevan más de una década inhalando, ha producido “un riesgo de daño sustancial para la salud de las personas”, además de afectación al ecosistema del río Guadalquivir. Ellos se sienten abandonados. “Tenemos los informes, pero aquí no pasa nada. Todos se lavan las manos a la hora de asumir su responsabilidad”, se lamenta Gómez, mientras aguarda a ser atendida en el hospital por problemas derivados de su exposición continuada a los gases tóxicos.









