La parra puede ser el remedio para los miles de pueblos cuyas calles estrechas son intransitables durante el sofocante verano. Ya se ha probado con éxito durante seis décadas en tres calles privadas de las bodegas González Byass en Jerez de la Frontera, pero ahora la asociación Emparrados ha cantado eureka al llevarlas al espacio público. Ya hay cuatro calles del casco histórico donde se han plantado, y con éxito. Tras medir con sensores térmicos cómo la cubierta verde de las vides aporta un frescor de hasta ocho grados menos a los peatones cuando el sol abrasa a mediodía, la ciudad gaditana (215.000 habitantes) ha aceptado exportar la idea para reverdecer su casco histórico, adaptar ciertas calles al cambio climático e impulsar su candidatura a capital europea de la cultura en 2031.
“La media de bajada de temperatura, entre las calles sombreadas y las que no, oscila entre dos grados de media y ocho grados de máxima durante el día. Además, incrementa la humedad. Es una estrategia evidente de salud pública como plan de adaptación al cambio climático porque los días de más calor, las diferencias son más acusadas”, ensalza Sergio Rodríguez, del estudio de arquitectura sevillano Nomad Garden. En el índice universal de clima térmico [UITC], a mediodía el estrés por calor pasa de “fuerte” a moderado”, según sus mediciones. La temperatura media de Jerez ha subido 0,86 grados en los últimos 50 años, según la estación meteorológica de Aemet en el aeropuerto gaditano.






