El frondoso olivo cuajado de aceitunas alivia el calor seco de la Sierra de Cádiz y pregona la recogida que se acerca. A su sombra y en una empinada ladera de tierra suelta que complica la estabilidad, la arqueóloga Mar Castro se asoma al pozo de decantación recién desenterrado. Es el último vestigio hallado que confirma una concatenación de sospechas e hipótesis llamadas a reordenar la historia de Zahara de la Sierra, un pueblecito blanco de la Sierra de Cádiz que hasta ahora ha exhibido con orgullo su pasado medieval. Pero esa estructura cilín...

drica confirma que la localidad tuvo un acueducto romano de, al menos, dos kilómetros que salvaba una altura de 544 metros. Y, a su vez, esa infraestructura hídrica apuntala la idea de que Zahara tuvo un pasado como una urbe romana, de nombre ignoto por ahora, con suficiente potencia para encargar semejante obra civil.

“Hemos corroborado que era una urbe romana con entidad como para gestionar esa infraestructura”, confirma el arqueólogo Luis Cobos, colaborador en la investigación, junto a su compañera Esperanza Mata. El profesional lleva años siguiendo las migas de pan, en forma de hallazgos arqueológicos, que hablaban de un pasado romano poco documentado en el pueblecito serrano, una villa de postal de 1.300 habitantes articulada en torno a un cerro coronado por una fortaleza medieval. Fue el caso del candelabrum —una pieza extensible única en la Península vinculada a un lugar de culto— que Cobos y Mata encontraron en 2020. También de una cisterna romana localizada por Cobos en 2023, que hasta ahora se creía diseñada para aguas pluviales; o los restos de sillares cuadrados en el camino de subida a la villa medieval, que encajan con usos de muralla o de sustentación.