La memoria del verano deja sabores y olores que en ninguna otra época del año tienen tanta intensidad y que nuestro paladar retiene esperando que vuelvan los tiempos estivales de relajación. Y en estos tiempos de verano, discreto y sencillo crece el efímero mirabel....

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Es una variedad de la ciruela, su especie es Prunus domestica var. syriaca. Pedro Pablo Gallego, catedrático de la Universidad de Vigo, del departamento de Biología Vegetal y Ciencias del Suelo, explica que “las dos variedades principales y más conocidas son el Mirabel de Metz, más pequeño, menos dulce y sin manchas rojas y el Mirabel de Nancy, más grande, dulce y adecuado para consumo fresco”. Ambas son originarias de la región de Lorena, en Francia, donde se concentra la mayor parte de la producción mundial (el 75%). Gallego también cuenta que “el Mirabel Rosal es una designación geográfica y cultural para el cultivado en la zona de O Rosal en Galicia. Aunque no es una variedad distinta en el sentido botánico de Nancy o Metz, se ha arraigado tanto en esa zona que ha desarrollado características propias y es muy valorado por su dulzura y aroma”.

Su tamaño es de apenas 3 centímetros, es muy aromático, su piel y su carne son de un amarillo muy dorado, que adquiere pequeños trazos rojizos cuando está maduro. Como todas las ciruelas, tiene esa fascinante capa de cera natural que los protege de la pérdida de humedad (y que solo debemos lavar antes de consumir o cocinar). Es el fruto de una planta arbórea llamada también mirabel que en primavera tiene pequeñas flores blancas con forma de estrella, se recoge del árbol en su plena madurez y es muy rico en fibra, con un alto contenido de agua y un bajo aporte calórico. Además, tiene una gran cantidad de minerales (potasio, calcio, magnesio y fósforo), vitaminas A y C y propiedades antioxidantes.