Hace apenas una década los fondos cotizados o ETF (Exchange Traded Funds) eran para muchos inversores, especialmente los europeos, un producto financiero reservado a profesionales sofisticados que buscaban replicar índices bursátiles de forma barata. Ciertamente nacieron ligados a la gestión pasiva pero cada vez son más polifacéticos -ofrecen exposición a cualquier activo, desde grandes compañías cotizadas hasta el oro, los bonos o las criptomonedas- y son capaces de cubrir desde estrategias activas hasta planes de ahorro sistemático.
El volumen que gestionan es revelador. Según la consultora ETFGI, los activos invertidos en la industria global de ETF alcanzaron un nuevo máximo histórico de 16,99 billones de dólares a finales de junio, con un crecimiento del 14,5% en los seis primeros meses de 2025 respecto a finales de 2024, lo que supone unas entradas netas de cerca de 900.000 millones de dólares. Junio de 2025 ha marcado el 73º mes consecutivo de entradas netas en los ETF a nivel mundial.
Pablo Bernal, consejero delegado de Vanguard en España, explica que esta expansión responde a su capacidad para adaptarse a las nuevas demandas del mercado: “Los ETF ofrecen liquidez, transparencia y costes muy competitivos, y esto ha facilitado su entrada en las carteras tanto de inversores institucionales como de minoristas. Ahora, además, estamos viendo cómo se abren paso en áreas que antes parecían ajenas a este producto, como la gestión activa o el ahorro sistemático”.







