La escena es la siguiente: un grupo de adolescentes franceses empiezan a liarla en un avión que les llevará de vuelta a casa tras un campamento en España. Interrumpen la demostración de la tripulación, sacan los equipos de seguridad para jugar con ellos, intentan coger los chalecos salvavidas, empiezan a manipular las máscaras de oxígeno, poniéndose en riesgo a ellos y al resto de pasajeros. Y, cuando se les pide que paren, hacen lo que hacen a veces los adolescentes, incluso en las mejores familias: mandar a la mierda las normas y a quien intenta imponérselas.

Como sus monitores no les ponen coto, el oficial del vuelo abandona la cabina para advertirles de que, si su actitud no cesa, tendrán que activar el protocolo correspondiente. Tampoco eso los achanta, así que, como dicta la normativa, la tripulación avisa a la Guardia Civil, que desembarca al grupo para garantizar la seguridad del resto. Minutos después, las redes empiezan a arder: resulta que los adolescentes maleducados eran judíos. Así que, según los que quieren hacer de una causa justa como la lucha contra el antisemitismo un comodín, lo ocurrido habría sido un delito de odio. Un vídeo de una de las monitoras esposada por dos agentes de la Guardia Civil empieza a ser usado contra nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad para acusarlos de antisemitas, y la compañía que se vio obligada a desalojarlos del vuelo es acusada de lo mismo.