El zumbido de los cazas y las oleadas de sirenas antiaéreas marcan la jornada. Los judíos religiosos se ponen a salvo sin conocer los detalles: era ‘shabat’ y no podían consultar móviles, radio o televisión

Yosef y Dina aprietan el paso. Las sirenas antiaéreas han empezado a sonar sobre Jerusalén, avisando de la inminente llegada de un misil iraní, y el guarda del Museo de la Tolerancia les abre la puerta y anima con un gesto a entrar y resguardarse en una planta subterránea. Les cuesta correr, por su avanzada edad, pero tienen tiempo (unos 90 segundos, habitualmente) y las defensas antiaéreas suelen interceptar los proyectiles.

En realidad, este matrimonio israelí no sabe exactamente qué ocurre desde primera hora de la mañana en Oriente Próximo: son judíos religiosos y aún es shabat, el día sagrado en el que tienen prohibido encender aparatos electrónicos, como móviles, radio o televisor, y que no concluye hasta la caída del sol. Solo intuyen ―por lógica tras semanas de preparativos militares masivos de EE UU e Israel― que Irán ha sido bombardeado y que las sirenas que vienen sonando por oleadas desde primera hora corresponden a su respuesta. Por eso, una vez a cubierto, sonríen sin ápice de miedo.