El miedo a los proyectiles de Irán y Hezbolá lleva a las familias a instalarse en la planta -5 del parking de un centro comercial de la ciudad del norte de Israel
“Bienvenidos a nuestra casa”. Sofía Salvador y María Tulitzeba bajan en chanclas en el ascensor de un centro comercial de Haifa —la principal ciudad del norte de Israel, atacada estos días tanto por Irán como por la milicia libanesa Hezbolá― desde la zona en superficie (que alberga un supermercado, una farmacia y algunas cafeterías) hasta la p...
lanta -5, donde llevan días instaladas. Allí hacen vida día y noche, en una tienda de campaña donde se sienten más seguras. No están solas: la planta, casi la más profunda del aparcamiento, se ha convertido en un minibarrio subterráneo con una treintena de tiendas de campaña, niños correteando, perros deambulando y familias comiendo en mesas de plástico. Como en un camping al aire libre, pero en tiempos de guerra y bajo la luz de los neones, encendidos las 24 horas.
El aparcamiento comenzó a llenarse el sábado 28 de febrero, el día en el que Estados Unidos e Israel iniciaron su campaña bélica en Irán. A él llegaron personas normales y corrientes que se sentían desprotegidas ante los primeros bombardeos de represalia lanzados por Teherán y, desde Líbano, por Hezbolá contra territorio israelí.







