La dura ofensiva israelí sobre el sur de Líbano, donde quiere crear una zona de seguridad, obliga a buena parte de la población a abandonar sus hogares y vivir en tiendas de campaña
De golpe, un hombre visiblemente nervioso interrumpe una conversación en un solar asfaltado a las afueras de Beirut. “¡Mira lo que nos ha pasado!”, dice señalando a la tienda de campaña de la que proviene. Con la barba y el pelo adecentados aunque con el rostro marcado por el agotamiento, narra en un intenso monólogo la sucesión de golp...
es que le han dejado junto a su familia al raso, sin acceso a un baño y reutilizando el agua de un cubo para mantenerse limpios. “Yo tenía una casa, un trabajo y una vida normal. ¿Qué he hecho yo para acabar en la calle?”, se pregunta angustiado, rodeado de centenares de familias en la misma situación.
Ya más pausado, Mohamed Saleh se presenta. Tiene 43 años y es del municipio de Kounin, en la franja libanesa fronteriza con Israel. En octubre de 2023, cuando el partido-milicia Hezbolá abrió un frente de guerra contra Israel el día después de que Hamás atacara el Estado judío, Saleh, su mujer y su hija pequeña huyeron. Se mudaron a Dahiyeh, los suburbios beirutíes. Pero la expansión de los ataques israelíes sobre esa zona los expulsó de nuevo. Poco después, el colosal bombardeo israelí que volatilizó varios edificios residenciales para asesinar al dirigente de la milicia proiraní, Hasan Nasralá, derrumbó el bloque. “Perdimos nuestras dos casas en menos de un año”, señala.






