Israel reitera la orden de desalojo en distintos puntos del país mientras el Gobierno libanés lo acusa de matar desde el lunes a casi 400 personas, entre ellas más de 80 niños
La insistencia del ejército israelí en desalojar los territorios de Líbano que bombardea en su declarada lucha contra Hezbolá somete al país a una crisis humanitaria. Tras siete días de ofensiva, el Gobierno libanés registra más de medio millón de desplazados, muchos de los cuales huyen de la zona fronteriza por segunda vez en dos años entre temores de un posible desarraigo permanente. Los expertos creen que la situación escapa a las capacidades del Gobierno, y las organizaciones humanitarias alertan de que supera los recursos disponibles. Pero Israel sigue con su plan. Tras emitir días atrás una primera orden de expulsión, el ejército israelí ha reiterado su exigencia de vaciar los suburbios de Beirut y el sur de Líbano, donde las bombas han matado al menos a 32 personas el domingo.
Israel, que pese a la inactividad de Hezbolá y al compromiso de Beirut de desarmar la milicia chií mantuvo la presión militar sobre Líbano durante 15 meses de tregua, protagoniza desde el pasado lunes una ofensiva que ha causado al menos 394 muertos, 83 de ellos niños, según ha informado este domingo el ministro libanés de Salud Pública, Rakan Nasseredine, que acusó al ejército israelí de “violencia masiva” y de “violar flagrantemente los acuerdos y tratados internacionales”.












