El ejército israelí exige el desalojo de los suburbios de Beirut donde viven más de medio millón de personas y amplía a más de 800.000 los afectados por esas medidas

Hussein se expresa con cautela. Está rodeado por una muchedumbre que entra y sale del edificio, un centro educativo en las afueras de Beirut que estos días hace las veces de refugio. Como él, muchas de las 1.000 familias que pasan las horas sobre una esterilla en los inhóspitos pasillos son simpatizantes de Hezbolá. Dudar de los disparos que el grupo proiraní inició el lunes, propiciando la

el-avanzan-en-el-sur-de-libano-mientras-hezbola-habla-de-guerra-abierta.html" target="_blank" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-03/tropas-de-israel-avanzan-en-el-sur-de-libano-mientras-hezbola-habla-de-guerra-abierta.html" data-link-track-dtm="">brutal ofensiva israelí que los obligó a irse de sus casas, podría herir sensibilidades. De repente, tras aludir a los abusos que Israel comete sobre Líbano “desde hace 15 meses de tregua y décadas atrás”, Hussein se sincera: “La guerra con Israel era inevitable, pero este no era el momento”.

La segunda guerra que el partido-milicia libra con Israel en tres años ―la tercera en dos décadas― ha tenido sobre las comunidades libanesas de mayoría chií, donde Hezbolá es la autoridad de facto, unas repercusiones que el ejército israelí se dio más tiempo en imponer durante ocasiones anteriores. El jueves, después de exigir el desalojo de todos los residentes del sur de Líbano el día anterior, el portavoz castrense Avichay Adraee desató el caos extendiendo la medida a los densamente poblados suburbios de Beirut. Entre ambas órdenes afectan a más de 800.000 personas.