El ejército israelí, que ha provocado el desplazamiento de más de un millón de personas en Líbano, se enfrenta a las inesperadas capacidades que retiene la milicia chií

Hasta hace un mes, la organización libanesa Hezbolá se encontraba en un hoyo de difícil salida. La anterior guerra con Israel, que un alto el fuego cerró en falso en 2024, había dejado a su brazo armado diezmado y decapitado. Además, el ejército israelí mantenía la presión durante el cese con ataques casi diarios contra sus miembros y familiares, mi...

entras el Gobierno de Líbano decretaba e iniciaba el proyecto de su desarme, señalando un punto de inflexión histórico y el posible declive de la milicia. Aunque con consecuencias devastadoras para el pueblo de Líbano, el inesperado disparo de unos proyectiles sobre Israel terminó con el acorralamiento.

El pasado 2 de marzo, el grupo libanés puso fin a 15 meses de tregua unilateral. Lo hizo en respuesta al asesinato por parte de Estados Unidos e Israel de Ali Jameneí, el líder supremo de Irán, aunque luego lo presentó como una reacción ante las infracciones israelíes del cese. En Líbano, la decisión disgustó a todo el mundo: los cercanos a Hezbolá reprocharon que la acción no hubiera llegado antes en defensa de las 397 personas que Israel mató durante la tregua. El resto del país vio con impotencia el inicio de la segunda guerra con Israel en tres años.