Las localidades fronterizas con Líbano lucen casi vacías. La guerra de Israel y EE UU contra Irán las ha devuelto a la rutina de refugios y alertas, apenas meses después de regresar la mayoría de evacuados en 2023
En la localidad israelí de Zarit, a apenas 650 metros de Líbano, salir de casa implica ponerse en peligro. Los cohetes, drones y proyectiles antitanque que
://elpais.com/internacional/2026-03-06/libano-queda-sumido-en-el-caos-tras-la-respuesta-de-israel-a-hezbola-la-guerra-era-inevitable-pero-este-no-era-el-momento.html" data-link-track-dtm="">Hezbolá dispara a diario desde que, hace casi dos semanas, se sumó a la guerra en apoyo de Irán llegan en cuestión de segundos. A menudo, el aviso de alerta máxima aparece en el móvil a la vez que ululan las sirenas antiaéreas y la estela del proyectil de Hezbolá se dibuja en el cielo. Hasta cinco veces en una hora, seguidas de escasos momentos de calma relativa. Por eso, aquí, en Zarit; en Metula (otra localidad que roza con Líbano); en la más grande Kiriat Shmona (y, en general, en toda la franja de oeste a este a pocos kilómetros de la frontera), apenas se ven civiles en las calles y carreteras, pese a que la población no ha sido evacuada, a diferencia de octubre de 2023, cuando Israel desplazó a más de 60.000 personas a hoteles y apartamentos a partes más seguras del país.







