Una kip� —el peque�o casquete con el que muchos jud�os se cubren la cabeza como signo de respeto a Dios— puede abolir hoy en Espa�a una biograf�a entera. Jimmy Zaghroun es, en realidad, un parisino de 41 a�os, hijo y nieto de sefard�es tunecinos, comerciante de recuerdos tur�sticos y seguidor de Breslev, una corriente jas�dica que ha hecho de la alegr�a una disciplina espiritual. Pero "la turba de matones antisemitas" que, de acuerdo con su relato, le sali� al paso el pasado 3 de julio mientras caminaba por Barcelona junto a otros seis amigos jud�os decidi� que eran israel�es a tenor de su apariencia. �Si de verdad no lo sois, decid "Fuck Israel"�, les gritaron tras rodearlos varios hombres que Zaghroun identific� como magreb�es. �Yo no he hecho da�o a nadie en toda mi vida. Soy jasid� de Breslev. Ese es mi camino: siempre feliz, siempre tranquilo, siempre sonriente. Toda la vida es un regalo de Dios. Pero no maldecir�a a Israel ni aunque amenazaran con matarme. Primero, porque amo ese pa�s; y segundo, porque Israel no es Netanyahu�, afirma. Los llamados `jasid�es de Breslev` toman su nombre de la ciudad hom�nima ucraniana —hoy Br�tslav,—, donde el rabino Najm�n fund� esta corriente a comienzos del siglo XIX. Su espiritualidad concede una importancia central a la conversaci�n directa y personal con Dios y el rechazo de la desesperaci�n.Sus seguidores son, por as� decirlo, fieles rigurosamente observantes que han convertido el canto y la m�sica en armas espirituales contra la mala onda. Estar alegres es, para ellos, �una gran mitzv� o deber espiritual. Eso s�, la guitarra debe callar cuando comienza el Shabat, que es la denominaci�n hebrea del d�a sagrado de descanso. Los siete amigos jud�os llegaron a Barcelona el jueves, 2 de julio, para celebrar un cumplea�os. Su primer d�a en Catalu�a salieron por la zona del casino; el viernes por la ma�ana fueron a la playa y, al caer la tarde, se dirigieron a Beth Habad de Barcelona, la sinagoga situada en la calle Montnegre, en el barrio de Les Corts. All� iban a rezar, recibir el d�a de descanso y cenar con la comunidad.Para el juda�smo, el Shabat no comienza el s�bado por la ma�ana, sino al anochecer del viernes. Y el de aquel fin de semana era el de la parash� Pinj�s, que es como se conoce la porci�n semanal de la Tor� que correspond�a leer y que relata el pacto de paz concedido a un sacerdote.El programa religioso inclu�a Minj�, la oraci�n de la tarde, y despu�s Kabalat Shabat y Maariv, las plegarias con las que se da la bienvenida al d�a sagrado. A las 21.10 se encendieron las velas y comenz� formalmente la celebraci�n sab�tica.A partir de ese momento, el Shabat hab�a cambiado las reglas de Barcelona: ya no pod�an pedir un taxi o usar un coche o un tel�fono, consultar Google Maps, llamar a la polic�a ni grabar a nadie con el m�vil. Lo que sucedi� despu�s ha sido reconstruido por varios medios de comunicaci�n franceses e israel�es en clave de "genuina cacer�a de jud�os". Alrededor de las diez y media de la noche, emprendieron a pie el regreso hasta el Hotel Arts, un largo trecho de dos horas. Solo dos de los siete caminaban con kip�. Jimmy manten�a oculto bajo la ropa el talit kat�n y los tzitzit, la peque�a prenda ritual y los flecos que cuelgan de ella. De no ser por el casquete, nada en su aspecto lo hubiera delatado como hijo de Abraham. Adem�s de la kip�, su amigo Haim Touaty vest�a la cl�sica indumentaria blanca y negra con la que suelen recibir el Shabat los jasid�es de Jabad-Lubavitch, que es la corriente del juda�smo a la que pertenece precisamente la sinagoga de Barcelona.A diferencia de los seguidores de Breslev, estos conceden un peso especial al estudio y a la comprensi�n intelectual de la m�stica. El blanco y negro de Haim, conviene precisar, no constituye un uniforme exclusivo de esta corriente, sino una indumentaria com�n entre ultraortodoxos.Que el amigo jasid� de Zaghroun fuera el m�s reconocible es la principal raz�n por la que tambi�n fue el primer miembro del grupo con el que se encar� la desconocida.Jimmy la describe en el atestado policial como una mujer de aspecto atl�tico, con zapatillas rosa fucsia, pantal�n corto negro, rostro euroasi�tico, "quiz� hispano", y sujetador deportivo. Ten�a el cuerpo cubierto de tatuajes, una bandera palestina anudada a la cabeza a la manera de una bandana y una kufiya — el cl�sico pa�uelo �rabe— prendida al extremo de la coleta. Durante la primera hora y media hab�an caminado sin incidentes "bromeando y haciendo juegos". La mujer irrumpi� poco antes de la medianoche a la altura de un panel publicitario situado cerca del Moll del Dip�sit y empez� a gritar "Free Palestine".�No le dimos importancia porque hemos escuchado eso muchas veces�, asegura el comerciante parisino. �Recuerdo que Haim apresur� su paso mientras todos avanz�bamos en silencio y yo le dije: "Puedes acelerar un poco, pero no corras". Me ocupo de labores de seguridad en escuelas jud�as de Par�s y s� que correr es lo peor cuando alguien empieza a perseguirte�.Sin embargo, la mujer dej� que avanzaran unos cincuenta metros, ech� a correr tras ellos y, cuando volvi� a alcanzarlos, se llev� las manos a la boca como una hincha que reclama la respuesta de una grada. La encontr� en las terrazas, entre quienes segu�an el mundial y entre los norafricanos que fumaban narguile en los caf�s.�A partir de ese momento se le uni� una muchedumbre que comenz� a rodearnos. Entre ellos hab�a espa�oles pero la mayor�a eran magreb�es. Mi esposa es jud�a de Marruecos y mi familia son sefard�es tunecinos de modo que s� reconocerlos. Nos segu�an con bicicletas y patinetes. Lo que ocurri� despu�s fue espeluznante. Empezaron a gritar: "Vamos a matar jud�os", "Asesinos de ni�os", "Asquerosos sionistas". �Que si temimos por nuestras vidas? Por supuesto. Vivimos momentos terror�ficos. Yo estaba atento sobre todo a lo que hac�an con las manos por si alguien tiraba de cuchillo�. Jimmy y sus amigos ten�an razones bien fundadas para esperarse lo peor. En marzo del pasado a�o, el rabino de Orleans (Francia), Ari� Engelberg, fue atacado en plena calle cuando regresaba de la sinagoga acompa�ado por su hijo de nueve a�os. El agresor le pregunt� si era jud�o, le escupi�, lo insult�, lo golpe� en la cabeza y le mordi� un hombro. Apenas tres meses despu�s, el rabino Elie Lemmel fue atacado dos veces en una semana: primero en Deauville y despu�s en Neuilly-sur-Seine, donde un hombre le lanz� una silla al rostro y le abri� una herida en la frente. En marzo de ese mismo a�o, un hombre trat� de incendiar la pizzer�a Rimmon Kosher de Madrid cuando a�n hab�a clientes en el interior. Los empleados lograron impedir que prendiera el fuego y el sospechoso fue detenido un mes despu�s y enviado a prisi�n provisional como presunto autor de delitos de odio, tentativa de homicidio e incendio. Desde el 7 de octubre de 2023 se han documentado en Espa�a m�s de 400 incidentes antisemitas. La cifra incluye agresiones, amenazas, pintadas, profanaciones, discriminaci�n y campa�as de se�alamiento.Pr�cticamente no pasa una semana sin que se registre alg�n ataque. Solo dos d�as despu�s de la persecuci�n de Zaghroun y sus amigos, decenas de activistas propalestinos rodearon el escenario de la Feria del Libro de Santander e impidieron que el poeta jud�o Marcos-Ricardo Barnat�n presentara su �ltimo libro junto a su hijo, el actor Jimmy Barnat�n. Los organizadores acabaron suspendiendo el acto.Esta misma semana, dos viviendas vinculadas a familiares de unas activistas antitur�sticas amanecieron marcadas en Santa Maria del Cam� (Mallorca) con estrellas de David, las palabras �Jud�os� y �Juden� y un esbozo chapucero de una esv�stica. En la Ciudad Condal, la campa�a de se�alamientos antisemitas adquiri� una forma m�s sofisticada y siniestra cuando, a finales de 2025, un grupo an�nimo de activistas propalestinos public� un mapa colaborativo que geolocalizaba 152 objetivos en la ciudad. Entre ellos se marcaron comercios de jud�os, restaurantes kosher, entidades comunitarias e incluso el colegio jud�o de Barcelona. El tramo pavoroso de la larga caminata de los parisinos arranc� precisamente de uno de los objetivos se�alados en ese mapa antisemita y transcurri� despu�s desde la pasarela roja, por la calle del Doctor Aiguader y finalmente, por el paseo de Joan de Borb�, en direcci�n a los grandes hoteles del litoral. En total, media hora.Algunos acosadores los segu�an durante unos minutos, les increpaban con violencia y regresaban despu�s a sus mesas o frente a las pantallas de televisi�n donde La Roja estaba a punto de doblegar a Portugal. Otros ocupaban su lugar. La multitud se renovaba alternando tramos de calzada iluminada con segmentos de calle m�s sombr�os.�Les hablaba en franc�s, en �rabe y en ingl�s. Les dec�a: "Soy franc�s. Soy franc�s". Les dije en �rabe "metashem" (qu� verg�enza). Pero no serv�a de nada. Si uno de mis amigos se hubiera quedado atr�s, yo no estar�a aqu� para hablar contigo�.No importaba lo que dijeran porque los gritos y las intimidaciones no cesaban: �Los jud�os no sois bienvenidos�; �Idos de Barcelona�. Los adelantaban en bicicleta o patinete, desaparec�an dos minutos y volv�an a aparecer m�s adelante; otros los flanqueaban escupiendo al suelo. Incluso un autom�vil intent� detenerse para unirse a la turba. Solo el tr�fico le impidi� completar la maniobra.�No vimos ni un solo polic�a en todo el trayecto. Fue incre�ble�, asegura Jimmy. "La multitud no nos dej� hasta que llegamos al Hotel Arts. La mujer fue obligada por el personal a dejar la zona de la recepci�n. Si solo hubiera sido ella no hubiera sido tan aterrador, pero hubo momentos en que fuimos flanqueados por cincuenta hombres furiosos".Salvando las distancias, la escena de Barcelona remite a uno de los primeros grandes pogromos callejeros organizados por los nazis dos a�os antes de alcanzar el poder. El 12 de septiembre de 1931, durante el A�o Nuevo jud�o, m�s de un millar de miembros de las SA se mezclaron con los paseantes del Kurf�rstendamm berlin�s y aguardaron la salida de los fieles de la sinagoga de Fasanenstra�e.Despu�s, atacaron a quienes reconoc�an —o simplemente cre�an reconocer— como jud�os, los persiguieron por las calles, golpearon a varios y corearon consignas como �Muerte a los jud�os�, que es justamente una de las proclamas que la turba barcelonesa y la mujer de la kufiya palestina dedicaron a los parisinos. La instigadora de los hechos desapareci� de all� con una ventaja considerable: las v�ctimas de la operaci�n de acoso no hab�an podido fotografiarla, grabarla ni llamar a la Polic�a. Los perseguidos asumieron, sin embargo, que su rostro hab�a sido registrado por los sistemas de v�deo-vigilancia que jalonaban el trayecto.�Es imposible que no aparezca�, sostiene Jimmy. �Hab�a c�maras en la calle, en el Sofitel y en el Hotel Arts. Yo escrib� al director para pedirle las im�genes y me respondi� que ten�a que solicitarlas la Polic�a�. Seg�n el presidente de la Federaci�n de Comunidades Jud�as de Espa�a (FCJE), David Obad�a, �es necesario que las autoridades act�en para identificar a los autores del acoso porque nadie debe sufrir intimidaci�n ni agresi�n por su identidad, nacionalidad, creencias o religi�n. Este tipo de atentados no los queremos ni para los judios ni para ning�n otro colectivo, ni en Barcelona ni en ninguna ciudad espa�ola�.Ya de regreso en Francia, Jimmy present� una denuncia contra la desconocida en la comisar�a de Alfortville. La Polic�a gala calific� provisionalmente los hechos como injurias p�blicas contra un particular por raz�n de su religi�n, raza u origen y remiti� las diligencias a la Fiscal�a de Cr�teil. El propio documento se�ala que el Consulado franc�s en Barcelona hab�a sido informado y que se le recomend� denunciar en Francia para que la investigaci�n pudiera continuar en Espa�a.El pasado 14 de julio, una representante de la Fundaci�n EMET compareci� igualmente ante los Mossos d'Esquadra y dej� constancia de lo ocurrido en nombre de Zhagroun. Jimmy ruega a los espa�oles que tengan alguna informaci�n que colaboren con la polic�a.