Eran dos receptadores, especialmente preeminentes, con contactos con dos informáticos, especialmente listos. Los primeros lideraban un entramado de pisos a los que los ladrones multirreincidentes corrían para deshacerse del móvil todavía caliente que acababan de robar en la calle; los segundos habían creado un software, que ofrecían bajo suscripción, para además intentar estafar a los desesperados dueños de los teléfonos robados. Los Mossos d’Esquadra han dado un golpe a una estructura asentada en Barcelona que también llegó a dar salida a teléfonos sustraídos en otros puntos de la geografía, como Sevilla, Portugal o Milán. De los 20 detenidos, los dos principales receptadores y los dos informáticos han ingresado en prisión provisional. En dos registros, los policías han recuperado un millar de teléfonos móviles.
“La gracia era intentar subir el nivel y atrapar a quienes dan salida a los móviles robados”, explica el inspector de los Mossos Lisard Hidalgo. Lograrlo les ha costado un año de trabajo, que empezó con el análisis de las ubicaciones de los teléfonos, una vez volaban de los bolsos, bolsillos o manos de sus propietarios. “Marcamos distintos pisos de la zona de El Raval y empezamos a ponerles cara” a las personas concretas detrás de esos domicilios ubicados en la calle de Carretas de Barcelona, explica el mando policial. Seguimientos, intervenciones telefónicas, y un nuevo dato que les permitió destapar una derivada que suele acompañar al robo del teléfono: la estafa a través de mensajes falsos para recuperarlo. “Las personas que caían daban si querer acceso al teléfono y las tarjetas a veces asociadas y vimos que se hacían pagos en comercios cerca de los domicilios de los principales investigados”, detalla.






