Todo fue “asco”. Cuando el pasado junio los audios de la UCO desvelaron las conversaciones entre José Luis Ábalos, exsecretario de organización del PSOE, y su mano derecha, Koldo García, hablando de dos mujeres, prostitutas, como si fueran cabezas de ganado, cromos, elegibles a voluntad e intercambiables a voluntad, “asco” fue la palabra más repetida en gran parte del arco parlamentario, en público y en privado.
“Abominable negocio de la prostitución” fueron las palabras, altas, del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso el pasado 10 de julio, cuando aludió al negocio de saunas del suegro del presidente del Gobierno, que ya murió, y que la policía patriótica del Gobierno del PP usó hace 11 años para armar un caso contra Pedro Sánchez a través del excomisario Villarejo.
A diputados y diputadas les pareció, en general, misógina y machista aquella conversación, y las críticas y los ataques y la palabra “putero” ―esta última más en privado que en público― se escucharon durante días. Y sin embargo, y a pesar de esa reprobación mayoritaria, ahí sigue la prostitución, con muchos acercamientos y varios análisis en los últimos años, pero nada que haya aterrizado en el Boletín Oficial del Estado.






