La mayoría de las mujeres casadas con árabes en Torre Pacheco no se atreven a dar declaraciones a la prensa. Tienen miedo porque desde que se desató la oleada de disturbios xenófobos en la localidad, hombres de ultraderecha las insultan y agraden a través de las redes sociales. “Nos llaman follamoros”, escucho contar a una mujer asustada a la Cadena SER. “Vamos a acabar con todas las follamoros, que sois una lacra para la sociedad”, les dicen. Y el insulto despliega no solo odio racista, sino también toda la violencia machista que palpita en el discurso antiinmigración.

Además de racismo, el discurso de odio de la ultraderecha tiene un alto componente machista y sexual. Así lo desvelan las imágenes de hombres armados y violentos que no pretenden expresar su disconformidad ni sus ideas, sino que van a buscar un cauce donde desplegar su violencia contra otros hombres. Una violencia que justifican como la defensa legítima de sus bienes que, en su fantasía política, los inmigrantes habrían venido a expoliar. ¿Y de qué clase de bienes estamos hablando? El discurso ultra se centra en dos: los inmuebles y los sexuales, más concretamente la ocupación de sus casas y la violación de sus mujeres.