“La culpable de que se me entuma la mano”, “no soy cornudo pero me excita mostrar algunas partes de mi esposa”, “¿qué les parece mi mujer?, quiero verla con otro hombre”, “mi actual novia, literal todos mis amigos se la echaron durante toda la época de la prepa (hace siete años)”, “mi mejor ex, ¿qué tal?, cambio por otra ex“, “¿quién presume a su esposa por inbox para una manualidad?”, “así sale mi mujer a la calle”, “a mi mujer le gusta andar así en casa cuando llegan mis amigos”, “qué buena está”, “ufff, mami”, “joder, qué tremendo”, “¿quién quiere ver mi descarga en llamada? O que me muestre a su esposa dormida, soy discreto”.

Son una docena, apenas la nada respecto a los miles y miles y miles de mensajes que miles y miles y miles de hombres envían a grupos privados de redes como Facebook, Telegram o Signal en los que se intercambian fotos de sus novias, exnovias, mujeres con las que están casados o ya se divorciaron o ligues de una noche. Pero no solo. También de amigas, conocidas, compañeras de clase, de trabajo, vecinas, madres, hermanas, primas o tías que ni saben que han sido grabadas o fotografiadas ni evidentemente dieron su permiso para ser publicadas, expuestas.

“Es el nuevo porno”. Cristina Fallarás, la periodista, escritora y creadora del movimiento Cuéntalo, es tajante al decirlo, lleva tiempo pensando en estos grupos: “Reproducen patrones y algunas de las categorías más vistas del porno mainstream: padrastros, tu hermana, la mujer de tu amigo… Se está dando una especie de mezcla entre la ficción y la realidad en la que parece que la ficción se les está quedando corta y están reproduciendo su propio contenido. Les resulta de alguna forma más atractiva la idea de que sea verdad. ¿Para qué consumir ficción si puedes tener algo que no lo es?”.