Marbella y Magaluf se han convertido en la nueva meca de contenido de los ‘influencers’ misóginos

Estoy harta de vídeos virales de misóginos acosando a chicas de fiesta. Sabía que la reacción antifeminista había llegado con ganas de sangre, pero nunca imaginé que lo que más funcionaría en redes fuese ver a chavalas en la pista o en la puerta de una discoteca aguantando a ineptos apuntándolas con las linternas de su móvil. No es un material difícil de encontrar. Son clips de la machoesfera que acumulan millones de visionados y cada vez hay más. Las suelen acechar en manada, con un manfluencer liderando y tres o cuatro de sus minions móvil en mano grabando vídeos en directo que después serán troceados y esparcidos por toda plataforma posible.

No solo está pasando en Estados Unidos, donde hace unos días una chica a la que grabaron en una discoteca diciéndole que “las mujeres no deberían tener derechos” acabó abofeteando a Clavicular, un creador de contenido que adoran los medios estadounidenses. A este veinteañero le han dedicado reportajes desde The New York Times a la revista masculina GQ y se ha forrado por acosar a chavalas de noche, mostrar en directo cómo atropella a personas con su Cybertruck Tesla o bailar el Heil Hitler de Ye en un club de Miami junto a los hermanos Tate. Una podría pensar que ese es un comportamiento lógico en la tierra de Donald Trump, pero desde donde más se está visibilizando este tipo de acoso nocturno es desde los locales más turistificados de Puerto Banús, de Magaluf y, posiblemente, con imitadores de poca monta desde cualquier avenida playera de ocio nocturno en España, la nueva meca de negocio de la manosfera.