Almudena Gregorio y Alicia Ruiz, de 27 y 33 años, cuentan recluidas en su piso en el emirato que tienen miedo, pero se sienten protegidas
Cabeza fría. La defensa aérea funciona. Las bombas no van contra la gente: “No somos el objetivo”. Las españolas Almudena Gregorio, de 27 años, y Alicia Ruiz, de 33, se repiten como un mantra estas ideas mientras explican desde su piso en Dubái cómo es posible morirse de miedo y a la vez sentirse seguras. El sábado, cuando esperaban a unas amigas para ir a pasar el día a la playa, escucharon por primera vez en su vida un misil, siendo ellas de Zaragoza y de Madrid. Todo retumbó como si hubiera una tormenta en un lugar donde apenas llueve 20 días al año. La seguridad de esta ciudad de rascacielos a la que se mudaron hace ya tres y seis años se había comenzado a resquebrajar. Corrieron hacia dentro del portal: “Nadie te prepara para esto”.
Alicia Ruiz lleva viviendo en Dubái desde la pandemia, en 2020, cuando aceptó una oferta de una empresa de ingeniería española para llevar a cabo un proyecto en el emirato. Entonces pensó: “Tengo 27 años, es el momento. Si no me voy ahora, no me voy nunca”, cuenta. Y aceptó un trabajo que iba a ser de unos tres a seis meses y se ha acabado quedando seis años, después de aceptar otro en una consultora estadounidense de ingeniería. Almudena acababa de terminar la carrera y se mudó con 24 años. “Tuve una oportunidad laboral mejor que la que hubiera encontrado en España con un perfil junior, por lo que había visto y tenía alrededor. Así que acepté”, recuerda. Las dos comparten piso en una de las zonas más turísticas: Dubái Marina.











