La resolución por la que el Gobierno autoriza con severas condiciones la opa de BBVA a Sabadell tiene letra pequeña. Según la resolución de 25 páginas notificada a las partes y que aún no es pública, el Consejo de Ministros subraya los problemas que presentaron anteriores fusiones bancarias -en concreto la absorción de Bankia por CaixaBank y la de Liberbank por Unicaja- a la hora de mantener el crédito a las pequeñas y medianas empresas. En ambos casos, “tuvieron lugar reducciones sustanciales de la exposición al segmento pyme y empresarios individuales en aquellos ejercicios inmediatamente sucesivos a la operación de integración”, destaca el documento, firmado por Félix Bolaños como ministro de la Presidencia, al que ha tenido acceso este periódico.
La argumentación del Ejecutivo revela cómo en los casos en los que la entidad absorbida contaba con mayor financiación a pymes, el banco resultante terminó fagocitando esa apuesta y evolucionando hacia los niveles de crédito de la firma que comandaba la integración, que solían ser menores. Por ejemplo, Unicaja tenía una exposición a ese sector de actividad del 46,69% en el año previo a la fusión, mientras que Liberbank concentraba un 58,65%, lo que arroja una media del 52,83%. Un año después de cerrarse la fusión, la cuota era del 42,25%, diez puntos menos. “Resulta esencial para el interés general evitar alterar de forma abrupta este modelo de financiación empresarial”, concluye el acuerdo.









