La prohibición de la fusión del BBVA con el Sabadell por un periodo de, al menos, tres años decretada por el Gobierno ha sido una sorpresa a medias para el banco de origen vasco. En las dos últimas actualizaciones del folleto de la operación remitido al regulador estadounidense de los mercados (la SEC), realizadas en octubre y en febrero, el BBVA detallaba qué pasaría si no podría unir los dos bancos, tal y como era su intención desde el lanzamiento de la opa. Auguraba entonces un escenario con menos cierres de oficinas, más impacto en capital y la integración tecnológica como eje central. Sin embargo, la severidad del Gobierno y la obligación de que ambas entidades mantengan la independencia en la gestión pone en duda cómo podrá aplicar este plan B.
El BBVA entonces era taxativo. Incluso sin fusión, la opa continuaría siendo rentable, por las “atractivas oportunidades de eficiencias y mejoras operativas” en los dos bancos, así como consideraba que podría generar la mayor parte de las sinergias de costes, en un lapso de tiempo de entre uno y dos años desde que se ejecutase la opa. En total, el banco que pilota Carlos Torres afirmó en mayo de 2024, cuando lanzó la opa, que esperaba lograr en esos dos años 850 millones de sinergias. A saber, 300 millones en ahorros de personal, 450 millones en cuestiones tecnológicas y administrativas y 100 millones más en financiación.










