El BBVA estudia —con la opción de renunciar encima de la mesa— las condiciones que el Gobierno ha impuesto por razones de interés general a su opa hostil y que se unen a las que ya acordó la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) hace algo más de un mes. En esencia, el requisito gubernamental es blindar, al menos durante tres años, que cada banco funcione de manera totalmente autónoma, lo que limitaría al menos por el momento conseguir los 850 millones en sinergias que la entidad vasca había proyectado. En su lugar, de seguir adelante con la opa, el banco que pilota Carlos Torres deberá adoptar la solución que durante años utilizó el Santander con Banesto: mantener la gestión de dos bancos por separado y retrasar la consecución de las prometidas ganancias.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha detallado que el Consejo de Ministros ha acordado autorizar la opa hostil del BBVA al Sabadell con la condición de “mantener la personalidad jurídica, el patrimonio separado y la autonomía en la gestión” de ambas entidades. Esto supone que, de salir la opa adelante, el BBVA debe gestionar los bancos “maximizando el valor de ambos por separado” y no en conjunto. En concreto, el ministro ha citado que velará para que el banco vasco mantenga la toma de decisiones autónoma en financiación y crédito (con especial atención a las pymes), recursos humanos, la red de oficinas y la obra social. Podrá prolongar estas medidas dos años más, hasta los cinco años.