El sol tiene un potencial inmenso para transformar nuestra forma de consumir electricidad. Hasta hace poco, necesitábamos tecnologías que nos hacían dependientes de combustibles fósiles importados, pero ahora podemos aprovechar la energía solar, un recurso que en España es rey. El autoconsumo solar, generado a partir de paneles solares, nos permite generar nuestra propia energía. Y no solo de manera individual, sino también compartida, compartiendo energía entre consumidores cercanos, reduciendo la factura de la luz y contribuyendo al medio ambiente.

Imagina que tu bloque de pisos, tu centro comercial o incluso una asociación de barrio pueden unirse para instalar placas solares en algún lugar próximo y aprovechar esa energía juntos, o que una industria puede reducir su factura de la luz, incrementando su competitividad, y compartiendo la energía que no consume con viviendas o comercios vecinos. No solo eso: imagina que durante el apagón hubieras tenido una instalación de autoconsumo solar activada en modo isla, y hubieras podido mantener el suministro eléctrico (al menos para lo imprescindible).

Este modelo, que es todavía mucho más interesante y lógico en nuestro país, con muchas más horas de radiación que el resto de territorios europeos, tiene todavía un gran recorrido. Ahora tenemos la oportunidad de convertirnos en referentes en energía solar distribuida pero, para lograrlo, tenemos que resolver algunos obstáculos.