Hasta ahora, solo se han reducido un 6% los gases de efecto invernadero, pero se espera un salto con la irrupción de baterías de apoyo a las renovables y el futuro mercado de CO₂ para viviendas y transporte por carretera

En los próximos 15 años, España tiene que cumplir con unos compromisos de reducción de los gases de efecto invernadero dentro de la UE que se espera terminen de cambiar por completo su sistema energético e introduzcan importantes novedades para los ciudadanos. A pesar de no soplar hoy vientos muy favorables para la lucha climática, el país debe reducir un 32% las emisiones que causan el calentamiento del planeta en 2030, respecto a 1990. Y los Veintisiete han llevado a la

il-2025/" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/noticias/cumbre-brasil-2025/" data-link-track-dtm="">cumbre del clima de Belém un compromiso de recorte de entre el 66,25% y el 72,5% para 2035, y han aprobado convertir en ley una reducción conjunta del 90% para 2040. Todavía hay que esperar a ver cómo se desgrana entre los países este último porcentaje, un objetivo común reconfirmado —con fuertes concesiones— por la mayoría de las fuerzas políticas europeas, a excepción de la ultraderecha y el PP español. Sin embargo, este nivel de recorte se aproxima ya mucho a la gran meta final de la neutralidad climática o cero emisiones netas (que significa recortarlas hasta un nivel mínimo que pueda ser compensado con bosques y otros sumideros) fijada para el horizonte de 2050.