El despliegue de las renovables abarata la factura eléctrica de España, pero el 70% de su energía total sigue encadenada al petróleo y el gas
La geopolítica actual ha dictado sentencia: abandonar nuestra adicción a los combustibles fósiles ya no es sólo un imperativo climático; es la única vía para garantizar la paz y nuestra propia soberanía. El petróleo, el gas y el carbón no solo son la principal causa de la emergencia climática...
, sino que son el motor de los conflictos y las violaciones de derechos humanos que vemos hoy en día. Además, nos empobrecen: cada vez que sube el precio de la energía, se encarece nuestra cesta de la compra y disminuye nuestra calidad de vida.
Como advertía recientemente la Agencia Internacional de la Energía, vivimos una crisis energética sin precedentes. Europa sigue atrapada en una dependencia exterior que nos convierte en blanco fácil para las amenazas de líderes tiranos e imprevisibles como Trump o Putin. En este tablero, España juega con cierta ventaja: gracias al despliegue de las renovables, tenemos una de las facturas eléctricas más baratas de la Unión Europea. Pero no nos engañemos; este éxito es solo un espejismo si ignoramos que el 70% de nuestra energía total sigue encadenada a los fósiles, especialmente en el transporte y la industria.






