Una madre vigila a su hijo mientras pela el maíz cosechado, en una temporada marcada por la baja producción. EFE/ Paula García-Ajofrín

Paula García-Ajofrín |

Kasungu (Malaui) (EFE).- En una pequeña parcela en el centro de Malaui, una joven familia camina entre hileras de un maíz que apenas crece. La cosecha ya se anticipa escasa por los estragos del cambio climático: lluvias cada vez más irregulares y largas sequías que amenazan la agricultura, pilar económico del país.

Foster Phiri y Tamala Chipolopolo viven con su hijo en Kasungu, un distrito de la región central de Malaui golpeado por el hambre y el cambio climático. Ambos observan sus tierras con preocupación.

Explican a EFE que su principal desafío es el clima: cuando llueve, las precipitaciones son intensas; y cuando más se necesita el agua, simplemente no llega.