Los precios de los productos agrícolas serán cada vez más inestables a cuenta del cambio climático. Este verano es ejemplo de que la tierra hierve —Europa ha vivido una de las olas de calor más intensas en décadas, con España marcando el peor récord de incendios en 30 años—, y los modelos climáticos anticipan más fenómenos extremos. De hecho, existe un 80 % de probabilidad de que al menos uno de los próximos cinco años supere a 2024 (el más caliente en el registro) como el año más cálido visto hasta ahora, según la Organización Meteorológica Mundial. Y mientras el planeta se calienta, “hay evidencia suficiente para relacionar las altas temperaturas con subidas de precios de los alimentos”, dice el Banco Central Europeo.
“Los extremos climáticos están alterando la dinámica de las cosechas”, explica Fallon Casper, especialista principal en mercados y cadenas de valor para América Latina en el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). “Los periodos de lluvias ahora son más intensos y las sequías más largas. Eso tiene repercusiones en cómo los agricultores anticipan su producción”, ahonda. De hecho, los mercados de materias primas ya se sacuden con fuerza a cuenta del clima. El cacao, que cotiza en Londres y en Nueva York, avanza más de un 200% en un lapso de tres años, y los fabricantes de productos derivados ya han trasladado los precios al consumidor.







