La tecnología, ya sea a través de redes sociales o mediante las aplicaciones de citas, ha generado todo un diccionario de tendencias tóxicas en los vínculos amorosos. Ahora se le pone nombre a muchas conductas que califican la calidad de las relaciones, y que afecta a cómo encontramos el amor, cómo lo vivimos y, por supuesto, cómo lo acabamos. El ghosting, por ejemplo, que significa desaparecer y dejar a una persona sin previo aviso ni explicaciones, es una de esas formas violentas de finiquitar una relación. El criqueting es otra manera cruel de mostrar desinterés, y consiste en dejar en visto los mensajes de WhatsApp de la otra persona durante horas, días, incluso semanas. El curving es otra tendencia parecida a la anterior, pero algo menos agresiva, ya que sí se responde a los mensajes, pero con monosílabos o palabras poco amables, otra manera de mostrar indiferencia sin decirlo abiertamente. Existe otra tendencia que se perfila como una de las más tóxicas de todas, y además se hace cara a cara: el banksying, un tipo de conducta de desarrollo lento, madurado y que acaba en la inevitable ruptura de la pareja.

Este término proviene del nombre del artista británico Banksy, famoso por sus provocadoras obras en los lugares más inesperados cuya singularidad proviene, por un lado, de su visión crítica y decadente de la sociedad y, por otro, porque mueren lentamente y se desmoronan hasta autodestruirse. Así, el llamado banksying hace referencia a la muerte lenta, pero premeditada, de una relación de pareja, sin que uno de los miembros sea consciente del proceso hasta ese final. “Romper una pareja está todavía considerado socialmente como algo malo, y no es plato de buen gusto convertirse en el verdugo que pone fin a la relación”, explica el psicólogo, sexólogo y terapeuta de pareja Raúl Padilla.