El denominado ‘ghosting’ pasivo o ‘soft ghosting’ consiste en esperar que una cita comprenda que las respuestas ambiguas, pasivo-agresivas o cortantes son una indirecta para hacerle ver que el idilio se ha terminado

Uno de los términos que las aplicaciones de citas han convertido en un clásico del léxico relacional es indudablemente el ghosting, que supone cortar repentinamente todo tipo de comunicación con alguien con quien se ha establecido algún tipo de vínculo. Tan común es este doloroso comportamiento, que deja a quien ...

padece sus consecuencias en un situación de incertidumbre en la que la clausura le es arrebatada, que cuenta ya con mutaciones. Es el caso del ghosting pasivo, también conocido como soft ghosting.

Para comprender de qué se trata, imaginemos una situación. Dos personas han tenido ya varias citas y conversan diariamente, convirtiéndose esos mensajes en parte de una diaria que, en el caso de cesar, dejaría un vacío comunicacional. La química y la ilusión están presentes hasta que una de las partes descubre que esas sensaciones no eran compartidas: de la noche a la mañana, la otra persona espacia sus mensajes y responde cada vez más tarde con respuestas cada vez más secas o incluso con emojis. Y es entonces cuando quien ha advertido el cambio de actitud excusa el comportamiento del otro alegando que quizás esté ocupado. Pero para todo hay solución, ¿no? “Es un simple bache”. Propone quedar para tomar algo. No se topa con una negativa, sino con un “Vamos hablando”, “Estoy liado esta semana pero la siguiente, sin falta”... Y ese encuentro nunca llega. Y así, sin anuncio oficial ni conversación pendiente, la energía cambia. Lo que parecía estar construyéndose con naturalidad comienza a diluirse en silencios intermitentes y excusas suaves.