El arte de provocar deseo en el otro vive a caballo entre el mundo digital y el analógico, creando no pocos equívocos. La impaciencia, mostrar las cartas demasiado pronto, la ausencia de misterio y el miedo al rechazo son factores que juegan en contra

Pásense una noche por cualquier discoteca en plan antropólogo y verán que hay algo que imposibilita que la gente desconocida interactué y ponga en práctica sus acertadas o fallidas tácticas de seducción. Es probable que lleguen las cinco de la mañana sin que nadie mueva ficha. También puede pasar que alguien con un considerable grado de intoxicación etílica se haya acercado a otra persona que, si no ha tomado tantas copas, casi seguro saldrá corriendo.

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de-citas-se-vuelve-a-buscar-el-amor-cara-a-cara.html" data-link-track-dtm="">Algunas veces se da el match y dos perfiles encajan, hablan, se cambian sus teléfonos y hasta puede que abandonen juntos el recinto, pero lo más normal es que muchos vuelvan solos a sus casas, con sus prejuicios reforzados. A saber: “mujeres y hombres son todos iguales”, “las chicas ahora van sobradas”, “los tíos lo único que quieren es mojar el churro”, “visto el panorama, lo mejor es ahorrar dinero y largarse fuera, que ahí sí que se liga”...