Muchas personas aseguran haber perdido el interés en crear vínculos estrechos y duraderos. Decepciones, relaciones tóxicas, dependencia emocional, exceso de estímulos o la propia cultura de la inmediatez son algunas causas
Cuando Susana entra en una fiesta ya no busca a nadie con la mirada. Ni siquiera cuando alguien atractivo le habla se le activa ese viejo radar que antes solía tener siempre a punto. “Me doy cuenta después, al despedirme. Pienso: ‘Ah, igual este chico estaba ligando’. Pero yo, la verdad, ni me entero. Tengo apagado el wifi del amor”, bromea. Residente en un pueblo de los al...
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rededores de Barcelona y madre de un niño, cuenta que lleva unos cuatro años sin enamorarse. Ha tenido encuentros sexuales, “algunos con tíos majos, listos y guapos”, pero ninguno ha sido capaz de reavivar la chispa.
Susana no está sola. Cada vez son más las personas que confiesan no haber vuelto a sentir nada parecido a un flechazo en años. Gente que, aunque mantiene relaciones esporádicas o incluso recurrentes, se siente desconectada de la emoción romántica. Padecen lo que se conoce como el “síndrome del corazón congelado”.






