Poner fin a una relación de este modo es cada vez más habitual en un mundo tan digitalizado como carente de empatía

Uno de los capítulos más memorables de Sexo en Nueva York es ese en el que Jack Berger, pareja de Carrie Bradshaw durante algunos episodios de la temporada sexta de la serie, deja a la escritora y columnista mediante un post it en el que pone: “Lo siento. No puedo. No me odies”. Han pasado 23 años de ese episodio, pero lamentablemente, la cobardía de algunos sigue vigente. Lo que sí han cambiado son los medios para romper y en la era digital, cada vez son más quienes optan por hacerlo por WhatsApp. Es el caso de Carlos Pollán, candidato de Vox a la presidencia de la Junta de Castilla y León, que tras ocho años de relación, dejó a su novia, la estilista y consultora de moda Cristina Escudero, mediante el popular sistema de mensajería. Por su parte Esther Doña, viuda de Carlos Falcó, contó en su paso por el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles qué ponía en el WhatsApp con el que el juez Santiago Pedraz la dejó. “Nuestra relación es imposible, hablamos algún día, cuídate y besos”. Auch.

Ane Arieta, mediadora familiar especializada en crisis de pareja, divorcio, coparentalidad y familias ensambladas, comenta que, en general, cuando ha existido una relación profunda o de larga duración, lo más respetuoso suele ser tener esa conversación en persona, porque permite más humanidad y más espacio para procesar lo que está ocurriendo. Sin embargo, considera que hay contextos en los que hacerlo por WhatsApp puede ser lo que más protege. “Por ejemplo, cuando la relación ha sido breve, cuando existe distancia y no es posible verse pronto, cuando se intenta evitar que una conversación presencial escale rápidamente a conflicto o a una desregulación emocional intensa o cuando la otra persona ha mostrado comportamientos invasivos, manipuladores o poco respetuosos con los límites”, ennumera la fundadora de Stepfamily. Señala que en tales casos, el mensaje puede servir para marcar un límite y protegerse emocionalmente y aclara que no significa necesariamente evitar la conversación, sino a veces, aplazarla hasta que ambas personas puedan abordarla desde un lugar más regulado. “Lo que suele resultar más dañino no es el medio, sino desaparecer sin explicación”, añade.