María García García nació en Totana un día y ahí sigue, magnética perdida. Las segundas manos más bonitas de España después de las de Rocío Jurado. “Actriz, cantante, presentadora, vedete y artista circense”, se define en el libro que ha presentado este jueves en Madrid, titulado Yo, Bárbara. Mis memorias, y que edita Plaza&Janés. Todo LinkedIn para ella de la cantidad de cosas que ha hecho. Pero, sobre todo, Marita, doña Bárbara, es superviviente. De la violencia machista y del aparato del Estado.
Llegó al hotel Intercontinental vestida de blanco, ese que dicen que es el color del poder, y brillos en las zapatillas, en el bolso y en las orejas. En primera fila, su hija Sofía y Chelo García Cortés. En cuanto la vio, la llamó. “¡Chelo, amore! Es que es mi novia”, bromeó con sus compañeras de mesa, tres periodistas. Dos Beatrices, Archidona y Cortázar, y Paloma Barrientos. Para ellas no tiene que demostrar casi nada porque lo han visto y han sido testigos de casi todo. Para ellas, “Bárbara, yo sí te creo”.
En los minutos previos, entre la prensa se especulaba con la aparición de su hijo Ángel, con el que no tiene relación. Pudo ser un Enrique Aldama con Leire Díaz, pero no. Y no hizo falta, porque Bárbara fue un torbellino de palabras, siempre bien vocalizadas. Y eso que antes de agarrar el micrófono, cuando vio la cantidad de cámaras, fotógrafos y periodistas, susurró: “Dios mío”.






