El director de Tusquets recuerda el atractivo personal y el talento profesional de quien le cedió el relevo de la firma

Beatriz fue una mujer excepcional. No paro de pensarlo ahora que nos ha dejado, y mientras siento que se agranda la pena de su ausencia. Pero también me considero muy afortunado, como todos los que trabajamos a su lado, porque con ella aprendimos casi todo del oficio del libro, y tuvimos el privilegio de trabajar con una editora de primerísimo nivel....

Carlota Álvarez Maylín, su biógrafa, lo ha contado en Una curiosidad sin barreras: aquella joven guapísima, hija del cónsul brasileño, irrumpió en Barcelona a finales de los años 50, y enseguida se convirtió en la alegría personificada de un grupo de fotógrafos, escritores, arquitectos, cineastas en ciernes, que formaron la Gauche Divine. Son muy elocuentes las fotos que le hicieron, desde el arrobo, Xavier Miserachs y Colita, entre otros, algunos cuadros de Óscar Tusquets, pero sobre todo las muchas anécdotas de quienes la trataron, que la recuerdan discutiendo y defendiendo algunos libros, pero también bailando y riéndose a pierna suelta, en Cadaqués o en el Bocaccio barcelonés, tal vez los lugares más modernos y avanzados del final del franquismo. Esa joven que hablaba varios idiomas, que tenía amigos en toda Europa, en el antifranquismo y en las mejores editoriales europeas del momento, y que pasaba de la parte festiva a trabajar literalmente como una mula, es la que fundó la editorial Tusquets en el comedor de su casa, como recordó Cristina Fernández Cubas.