El escritor cubano recuerda su relación profesional con la fallecida editora desde que le publicó su novela ‘Máscaras’, en 1997
“En medio del camino de la vida…”, Dante Alighieri....
Fue una mañana de marzo de 1996 cuando recibí su llamada telefónica y sostuvimos la conversación que cambió mi vida. Entonces yo estaba justo en medio del camino de la vida que he recorrido hasta ahora. Era un todavía joven escritor de treinta y cinco años, con algunas penas y ninguna gloria que, poco antes, había hecho una apuesta arriesgada: había dejado mi trabajo como jefe de redacción de una revista cultural y me había convertido, legal y oficialmente, en el primer escritor independiente cubano. Cuando miro hacia ese momento, todavía me parece increíble que hubiera optado por tomar semejante decisión: estábamos viviendo en un país en profunda crisis económica como era la Cuba de ese tiempo (la crisis cubana interminable), apenas teníamos dinero para seguir subsistiendo malamente y, como escritor, ni la sombra de un editor en el horizonte. Pero yo solo quería escribir y me había lanzado al vacío.
Pero ahora creo que, como parece que dijo Marco Aurelio (según los hermanos Glass de las obras de Salinger) que “aquello estaba deseando ocurrir”. Y lo primero que ocurrió fue que, tres meses después de vencida la fecha estipulada, había recibido la noticia de que mi novela Máscaras había ganado el Premio Café Gijón de 1995, concedido en enero de 1996, trece días después de mi conversión en escritor independiente. Entonces algo cambiaba: de pronto tenía un premio internacional que ya no esperaba y hasta contaba con un dinero que me salvaba de la inopia, lo cual ya era mucho pedir. Pero nada más. Podría decir, como cubano de finales del siglo XX, que del tórrido infierno de la incertidumbre había pasado al purgatorio de una cierta convicción de que tal vez habría alguna salida… Y entonces sonó el teléfono que me abrió las puertas de lo que sería mi paraíso como escritor.







