Clint Eastwood adaptó con acierto Mystic River (Salamandra), la novela donde Dennis Lehane presenta una historia de perdedores al más puro estilo norteamericano. Se trata de una ficción donde la realidad golpea sin concesiones. Es lo que tiene Dennis Lehane, que sabe manejar las escenas con una maestría que solo se aprende si se viven de cerca.

Sin ir más lejos, en una de ellas, la sangre salpica las ropas de un hombre, lo que lleva a su esposa a recordar un capítulo de su vida, de cuando era más joven y tuvo una caída tonta sobre una botella rota y se atravesó las arterias de la mano con un trozo de cristal. Fue lo más parecido al “típico hormigueo en el codo de cuando te das un golpe en el hueso de la música”.

Al igual que ocurre con la denominación “tabaquera anatómica” —que desplazó a la de “fosa radial”— la denominación “hueso de la música” vino a desplazar a la de “nervio cubital”. Porque hay veces que los nombres científicos pasan a un segundo plano, siendo arrinconados por el nombre popular, y esta es una de esas veces. Lo que sucede es que el hueso de la música no viene a denominar un hueso, sino un nervio del brazo. Y por si fuera poco, este nervio también va a ser conocido como “hueso de la risa”.