Jeremy Allen White, que pone incluso su voz a las canciones, está formidable en una película dispar en calidad
En Todo lo que asciende tiene que converger, uno de los abundantes cuentos de Flannery O’Connor que muestran a personajes peligrosamente enraizados en el desconcierto, la alienación y el abatimiento, la escritora estadounidense resume así el hastío mental de uno de ellos: “Nunca hablaba de la casa sin desprecio, y nunca pensaba en ella sin deseo”. En My Father’s House, tema pe...
rteneciente al álbum Nebraska, sobre cuya creación bascula la película Springsteen: Deliver Me From Nowhere, el cantante de Nueva Jersey clama: “La casa de mi padre resplandece con fuerza y brillo / se yergue como un faro que me llama en la noche (…). Brillando a través de esta oscura carretera / donde nuestros pecados yacen sin expiar”.
La influencia de O’Connor en sus canciones, de esa sensación de desesperación y aislamiento, ha sido admitida por el Boss más de una vez, y es uno de los alicientes artísticos que circundan una película dispar en calidad acerca del origen del dolor y su influencia en el proceso creativo, que se completa con una rotunda base cinéfila: Malas tierras, de Terrence Malick, tan esencial en el tema Nebraska; La noche del cazador, de Charles Laughton, y sus paralelismos con los niños perseguidos por la brutalidad adulta. Hasta Paul Schrader, que quiso como actor a Springsteen allá por los años ochenta, desfilan por el relato guionizado y dirigido por Scott Cooper, basado en el libro que el escritor y músico Warren Zanes publicó en 2023 en torno a la creación del mítico disco Nebraska.











