Están entre nosotros. Son esas personas que no bailan en la discoteca, los que no van a conciertos. Te piden poner la música más baja en el coche, no se obsesionan con una canción cada verano y si les preguntas, no te sabrían decir un cantante favorito. Son los anhedónicos musicales, personas que no conectan en absoluto con la música. Hace diez años, un grupo de investigadores descubrió que aproximadamente un 5% de la población podría incluirse en este grupo. Personas que, a pesar de tener una audición normal y la capacidad de disfrutar de otras experiencias o estímulos, no disfrutan con la música.
Es una simple cuestión de gustos, pero estos se reflejan en nuestro cerebro. Los investigadores vieron que en los anhedónicos musicales existía una desconexión entre las redes auditivas y las de recompensa del cerebro. En un artículo publicado hace unos días en la revista Trends in Cognitive Science, este mismo equipo ha repasado toda su investigación científica. Describe de esta forma los mecanismos cerebrales detrás de la condición y asegura que comprenderla podría ayudarnos a entender cómo funcionan el placer y la adicción.
“Hay diferencias individuales en las respuestas a los estímulos gratificantes”, afirma Josep Marco-Pallarés, catedrático de Psicología en la Universidad de Barcelona y uno de los autores del estudio. “Y estas vienen dadas, no por deficiencias en el circuito de recompensa, sino por la forma en la que las áreas perceptivas se conectan con este”. Para demostrar esta idea, su equipo hizo un test a los participantes (que se puede realizar aquí) y después los clasificó según su puntuación como anhedónicos, hedonistas e hiperhedonistas musicales. Luego se sometió a los participantes a un escáner cerebral y se vio cómo reaccionaba el núcleo accumbens, que es el que responde al placer, ante una recompensa monetaria y ante un estímulo musical.







