Yo lo sospechaba pero Ricky Gil, que conoce el paño, lo confirma tajantemente: “Los músicos se dividen entre los que solo salen de casa cuando tocan ellos y los que, además, forman parte del público en general, conscientes de que cada noche puede deparar una sorpresa”. Yo lo ampliaría aún más: los que nunca compran discos y los que buscan afanosamente nuevos (o viejos) sonidos....
No hace falta explicar dónde se coloca Ricky Gil. Su ¿Quién toca esta noche? (Sílex Ediciones), subtitulado Una historia del rock en 64 (+1) conciertos, es un autorretrato que contiene una fotografía generacional. Y no me refiero exclusivamente a su militancia en el movimiento mod (Brighton 64, Los Brigatones, Matamala). Los recuerdos emocionales de Ricky abarcan, quizás por influencia de sus padres, a cantautores como Paco Ibáñez, Lluis Llach o Jaume Sisa.
Y luego está la vocación viajera, incluyendo su año en Marsella, o siguiendo la estela de su hermana, la actriz Ariadna. En Brasil, con parada en Salvador de Bahía, disfruta de Ivette Sangalo, Timbalada o Olodum, mientras comprueba la antipatía de muchos baianos por un Carlinhos Brown subido en el dólar. Siempre con los oídos bien alerta: acude en Estocolmo al concierto de un desconocido, un oso llamado Ebbot Lundberg, y reconoce enseguida que su Calling from heaven es una versión suntuosa del Cerca de las estrellas, de Los Pekenikes (el video oficial incluso referencia a los creadores).






