La ensalada de pasta se ha ganado muy mala fama, y con razón. En su versión “táper hecho a todo correr que me llevo al trabajo”, suele ser la máxima expresión de la comida deprimente, con la inevitable mezcla de espirales, atún y maíz de lata y alguna aceituna despistada. En la más americana, los aliños cremosos la convierten en algo denso y pesado, capaz de empapuzar al más tragaldabas.
Sin embargo, no tiene por qué ser así. Unos acompañantes frescos bien combinados y una salsa alegre pueden convertir el socorrido clásico veraniego en un festival del sabor, que además funcione como plato único sin complicaciones. Prueba de ello son las dos ensaladas que proponemos hoy: la primera, con tomate, rúcula y garbanzos marinados, lleva un radiante aliño verde cortesía de Jamie Oliver. La segunda es una reinterpretación de una receta de Cocina este libro, de Molly Baz, con una sorprendente combinación de calabacín, pistachos, aceitunas, mozzarella y mortadela. Mira cómo se preparan en el vídeo de arriba.
Para la primera ensalada comenzamos marinando los garbanzos ya cocidos. Si encuentras unos pequeños, mejor.
Si se hace el aceite picante casero, poner unos 100 mililitros de aceite de oliva en un cazo con una cucharada de cayena o chile en polvo y otra de pimentón dulce. Templarlo a fuego muy suave lo justo para que coja un poco de calor y dejar que repose un par de minutos.






